Gym vs Yoga: elegir el bienestar en una sociedad que normalizó el desequilibrio. Diario de una profe de yoga #2
- Estefany Capelo
- 14 ene
- 3 Min. de lectura

Vivimos en una sociedad que muchas veces no solo no acompaña el desarrollo consciente, sino que lo obstaculiza. Difundir lo que hace bien, lo que invita a la pausa, a la escucha interna y al autocuidado real, suele generar resistencia, juicio y rechazo. No porque esté mal, sino porque confronta estilos de vida profundamente normalizados.
Mi proceso personal ha estado marcado por una profunda pasión: por las personas, por las disciplinas, por los vínculos, por el conocimiento y por la vida misma. Durante mucho tiempo confundí esa pasión con entrega absoluta, sin límites. Hoy comprendo que una de mis mayores lecciones ha sido aprender a poner freno, a elegir con conciencia y a dejar de asociar el complacer con el amor.
Crecimos —especialmente muchas mujeres— bajo creencias heredadas donde priorizarse generaba culpa. Donde decir “no” era egoísmo. Donde poner límites era rechazo. Desaprender eso duele. Es un camino solitario, lleno de juicio externo e interno. Pero también es profundamente liberador.
Aprender a ser selectiva con mis relaciones, a ejercer el silencio cuando es necesario y a cuidar mi energía ha sido fuente de conflicto interno, pero también de madurez. Hoy entiendo que no todo el mundo necesita acceso a mí, y que proteger mi paz no es violencia: es autocuidado.
La experiencia directa como maestra
He explorado distintas disciplinas físicas, no desde la comparación, sino desde la experiencia directa. Creo profundamente que para comprender algo, a veces es necesario sumergirse por completo. Solo así se puede discernir con honestidad.
Mi paso por los gimnasios me permitió observar cómo ciertos entornos de alta estimulación —música excesivamente alta, exigencia constante, culto al cuerpo, rutinas rígidas y una relación ansiosa con la alimentación— pueden activar de forma sostenida el sistema nervioso. En mi experiencia, este tipo de ambientes generan tensión muscular crónica, irritabilidad, competencia constante y un fuego interno que no siempre se traduce en bienestar.
Sí, el cuerpo puede verse “mejor” bajo esos parámetros. Pero muchas veces ese resultado viene acompañado de estrés, dependencia de suplementos, desequilibrios emocionales y una desconexión profunda con las verdaderas señales del cuerpo.
Yo elegí algo distinto: prefiero estar en paz a verme perfecta, prefiero la calma al juicio, la coherencia al exceso.
Yoga: menos estímulo, más integración
El yoga propone otro camino. Uno más simple, más sostenible y profundamente regulador. A través de posturas, respiración consciente e inversión del cuerpo —como colgarte en una hamaca o ponerte de cabeza— el sistema nervioso comienza a relajarse de forma natural. El cuerpo aprende a soltar, no a resistir.
El entorno también importa. Un gimnasio se construye desde la acumulación: máquinas, consumo, reemplazo constante. El yoga, cuando se practica con conciencia, requiere muy poco: un espacio, un maestro y, con el tiempo, disciplina para volver a ti misma una y otra vez.
Por eso veo en los gimnasios una representación clara de la sociedad moderna: rapidez, productividad, apariencia, dependencia. Mientras que el yoga propone presencia, simplicidad, autonomía y conexión interna.
Elegir desde la conciencia
Practíco yoga desde hace más de cinco años. Comencé con meditaciones guiadas, con vinyasa yoga, con el asombro de sentir unión con lo simple: el cuerpo, la respiración, la naturaleza. Estas experiencias me enseñaron a discernir desde la vivencia, no desde la teoría.
Hoy entiendo que si el tiempo es limitado y el cuerpo puede alcanzar bienestar con un esfuerzo consciente y no violento, entonces la elección es clara para mí.
Cuando reconocemos las causas de nuestro malestar, la responsabilidad es elegir el bienestar.
Volver atrás, observar qué actividades nos hicieron bien, regresar a ellas con humildad: ahí está el secreto. Amé una etapa de extrema exigencia física y control, pero hoy elijo algo más profundo: bienestar mental, emocional y físico integrado.
El yoga no es una moda. Es un hábito. Como lavarte los dientes. No lo negocias, porque sabes que te sostiene.
Por eso regreso a lo sencillo. A lo esencial. A lo que realmente nutre.
Namasté.
%201.png)