Yoga y cerebro: la ciencia de la calma en una sociedad hiperestimulada.
- Estefany Capelo
- 14 ene
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 15 ene

Durante décadas se consideró al yoga como una práctica espiritual o simplemente física. Sin embargo, la evidencia científica convergente demuestra que el yoga modula el cerebro, el sistema nervioso y procesos neuroquímicos, lo que lo convierte en una herramienta poderosa para la salud mental y emocional.
El sistema nervioso: equilibrio entre alerta y calma
El cuerpo humano opera mediante el sistema nervioso autónomo (SNA), compuesto por dos ramas fundamentales:
Simpático: prepara al cuerpo para la acción (“lucha o huida”).
Parasimpático: favorece la recuperación, la restauración y la calma.
El yoga —especialmente cuando incluye respiración consciente (pranayama), posturas y meditación— activa el sistema parasimpático, reduciendo la producción de cortisol y bajando la frecuencia cardíaca, lo que promueve estados fisiológicos de descanso profundo (International Journal of Universal Studies, 2025).
Amígdala y regulación emocional
La amígdala cerebral es una estructura clave en la respuesta al miedo y al estrés. Cuando vivimos en estados persistentes de estrés, esta región se mantiene hiperactiva y favorece respuestas emocionales reactivas.
Estudios han relacionado la práctica de yoga con:
Disminución de la reactividad de la amígdala;
Mejor regulación emocional y reducción de la percepción de amenaza. Esto está asociado a cambios neuroplásticos que favorecen la calma y la presencia consciente (International Journal of Universal Studies, 2025; Cambridge Core, 2025).
Neurotransmisores: química de la calma y bienestar
Una de las formas más contundentes en que el yoga impacta el cerebro es a través de cambios en neurotransmisores:
Gamma-aminobutírico (GABA): El yoga puede aumentar los niveles de GABA, un neurotransmisor inhibidor que reduce la excitación neuronal y la ansiedad. Estudios con espectroscopia muestran incrementos significativos de GABA tras programas de yoga, lo cual está relacionado con mejoras en el estado de ánimo y la reducción de síntomas ansiosos.
Reducción de cortisol (hormona del estrés): 8 semanas de yoga se han asociado con una respuesta más atenuada de cortisol al estrés, lo que está vinculado con mejor función ejecutiva y menor desgaste neuronal.
Otros moduladores neuroquímicos: aumentos en neurotransmisores relacionados al bienestar emocional, incluyendo serotonina y dopamina, también se han reportado en revisiones recientes.
Estos cambios neuroquímicos explican, desde un punto de vista fisiológico, por qué el yoga puede disminuir ansiedad y mejorar el estado de ánimo sin depender exclusivamente de medicamentos.
Cerebro y neuroplasticidad
La neuroplasticidad se refiere a la capacidad del cerebro de reconfigurar sus estructuras y conexiones. La práctica sostenida de yoga está asociada a:
Incremento de la materia gris en la corteza prefrontal, un área clave para la regulación emocional y cognitiva.
Mejor conectividad funcional en redes cerebrales relacionadas con la atención y el equilibrio emocional. Estos hallazgos sugieren que el yoga no solo induce calma momentánea, sino que reconfigura el cerebro para responder al estrés de forma más resiliente y consciente (Cambridge Core, 2025).
Yoga y trastornos mentales
La investigación clínica respalda el uso del yoga como intervención complementaria en ansiedad y depresión.
Intervenciones de yoga han mostrado reducción significativa de síntomas ansiosos y depresivos, menos cortisol circulante y mejores marcadores de estrés.
El impacto en neurotransmisores como GABA explica por qué estas prácticas pueden modular estados mentales alterados sin efectos adversos comunes de tratamientos farmacológicos.
Estrés postraumático y otros trastornos
La práctica regular está asociada con mejoras en la regulación emocional, disminución de reactividad del eje hipotálamo-pituitaria-adrenal (HPA) y reducción de marcadores de inflamación asociados a condiciones crónicas.
En PTSD y dolor crónico, mecanismos neurofisiológicos mediados por la activación parasimpática y la modulación neuroquímica muestran efectos prometedores como parte de abordajes integrales.
Conclusión: yoga como método de bienestar integral
La ciencia actual indica que el yoga es más que ejercicio físico. Es una intervención que actúa sobre la neurobiología del estrés, la emoción y la cognición:
Reequilibra el sistema nervioso autónomo;
Modula neurotransmisores clave;
Promueve neuroplasticidad funcional;
Reduce síntomas asociados a ansiedad, estrés y depresión.
Esto posiciona al yoga como una práctica especialmente valiosa en una cultura hiperestimulada, en la cual el cuerpo y la mente necesitan recuperar presencia, regulación y salud profunda.
Referencias
International Journal of Universal Studies. (2025). Neurophysiological benefits of yoga for emotional regulation and CNS balance. Eduvest Journal of Universal Studies, 5(11), 1–10.
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