Cuando ponerle nombre al dolor se convierte en libertad - Diario de una profe #3
- Estefany Capelo

- hace 6 días
- 4 Min. de lectura
Actualizado: hace 3 días

Durante años pensé que el conflicto era el mundo, que las voces, la sensación de ser observada, la confusión constante, el aislamiento profundo, el querer desaparecer del entorno, eran simplemente una reacción lógica a algo externo que no me comprendía, pero no lo eran. No era solo el mundo, también era mi mente pidiendo comprensión.
Descubrir que tenía esquizofrenia no fue una condena, fue una revelación profunda y dolorosa, pero liberadora al mismo tiempo.
Porque ponerle nombre al dolor no lo hace más grande, lo vuelve comprensible, lo vuelve abordable, lo vuelve humano.
Y cuando algo se comprende, deja de ser un enemigo invisible que gobierna en silencio.
La esquizofrenia, más allá del estigma
La esquizofrenia es un trastorno neuropsiquiátrico complejo que afecta la forma en que el cerebro procesa la realidad, no es debilidad espiritual, no es falta de carácter, no es “no querer mejorar”, no es exageración.
En el cerebro pueden existir alteraciones en la regulación de la dopamina, dificultades en la integración entre la corteza prefrontal y el sistema límbico, y cambios en la forma en que se asigna importancia a los estímulos, lo que puede hacer que una voz interna se sienta externa, que una mirada se perciba como vigilancia, que el silencio se viva como amenaza.
Los estudios científicos hablan de un alto nivel de sufrimiento en este trastorno, no solo por los síntomas en sí mismos, sino por el estigma social, la incomprensión, el aislamiento, la soledad silenciosa que se instala cuando nadie entiende lo que está ocurriendo.
Y aquí quiero decir algo importante, el sufrimiento no solo lo vive quien padece la condición, lo vive la familia, lo vive la pareja, lo vive el entorno. Porque cuando no sabemos qué está pasando, todos reaccionamos desde la defensa, desde el miedo, desde la confusión.
La liberación de saber
Ignorar un trastorno no lo hace desaparecer, lo convierte en un caos sin explicación, en una guerra interna sin mapa.
Descubrir que tenía esquizofrenia me permitió entender que no era “exagerada”, que no era “conflictiva”, que no era “dramática”, era una persona con un sistema nervioso desregulado que necesitaba apoyo adecuado, acompañamiento profesional, comprensión.
Por eso hoy quiero hacer una invitación profunda a las familias, si notas que tu hijo, tu hija o alguien cercano vive aislamiento extremo, percepciones extrañas, conflictos constantes con la realidad, sufrimiento psicológico intenso, no lo ignores, no lo minimices, no lo atribuyas únicamente a la personalidad.
Realizar una evaluación psicológica y psiquiátrica no es etiquetar, es abrir una puerta al acompañamiento, es dar contexto al comportamiento, es proteger relaciones.
El diagnóstico no divide, la ignorancia sí divide, sí separa, sí hiere.
Ser profesora de yoga, una bendición consciente
Ser profesora de yoga no “curó” mi esquizofrenia, y es importante decirlo con honestidad y responsabilidad, porque romantizar los procesos puede ser peligroso.
Pero me dio algo fundamental, herramientas de regulación, de presencia, de conciencia corporal.
El yoga regula el sistema nervioso autónomo, activa el sistema parasimpático, reduce cortisol, mejora la conexión entre respiración y corazón, fortalece la conciencia corporal. En mi caso prácticas como asanas que generan anclaje, Savasana guiada con conexión al entorno, respiración consciente, meditación con enfoque externo y concreto, han sido complementos valiosos al tratamiento psiquiátrico y psicológico.
El yoga no reemplaza medicación cuando es necesaria, no sustituye terapia clínica, pero sí puede ayudar a disminuir la ansiedad, fortalecer la presencia corporal, reducir la hiperactivación que muchas veces intensifica los síntomas, y algo muy importante, me permitió sentir agencia, sentir que yo también participo activamente en mi bienestar.
No soy solo un diagnóstico, soy una mujer, una profe, una aprendiz constante, una guerrera que decidió mirarse de frente.
Guerreros silenciosos
Quienes vivimos con un trastorno mental no somos frágiles, somos personas que entrenan cada día para sostener una realidad que a veces se siente desbordante, que aprendemos a respirar cuando el miedo aparece, que intentamos comprender nuestras propias percepciones.
Y nuestras familias también son guerreras, porque acompañar sin entender completamente requiere paciencia, requiere perdón, requiere amor consciente.
La diferencia no debe separarnos, debe invitarnos a comprendernos mejor, a crear relaciones más honestas, más informadas, más compasivas.
El yoga como terapia complementaria en otros trastornos
La evidencia científica actual muestra que el yoga puede utilizarse como complemento terapéutico en trastornos de ansiedad, porque regula el sistema nervioso y reduce la hiperactivación, en depresión, porque mejora la regulación emocional y favorece neurotransmisores asociados al bienestar. También se lo puede usar en trastorno de estrés postraumático, porque fortalece la conciencia corporal y la sensación de seguridad interna, en TDAH, porque mejora la concentración y el control atencional, y también en el espectro autista, donde algunos profesionales recomiendan prácticas como el yoga aéreo porque el movimiento en suspensión puede ayudar a integrar estímulos vestibulares y propioceptivos.
Siempre como complemento, nunca como sustituto del tratamiento clínico.
Un llamado a la acción
Si eres madre, padre, hermano o amiga, no minimices el sufrimiento psicológico, no lo atribuyas solo a “falta de voluntad”, busca orientación profesional, pregunta, infórmate, acompaña.
Y si tú eres quien siente que algo no encaja en tu mente, en tu percepción, en tu forma de experimentar el mundo, no estás sola, no estás roto, no estás condenado.
Pedir ayuda es un acto de valentía profunda.
Y si decides complementar tu proceso con prácticas conscientes, te invito a nuestras clases, aquí no prometemos milagros, prometemos acompañamiento, regulación, respeto, comunidad, un espacio donde puedas habitar tu cuerpo con más seguridad.
El yoga no borra diagnósticos, pero puede ayudarte a fortalecer la voz interna que te trata con amor, y a veces el primer paso hacia la sanación no es eliminar las voces, sino aprender a escuchar con más fuerza la voz que te cuida.
Con cariño,
Una profe que decidió dejar de ignorar su dolor y empezar a comprenderlo. 🤍
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